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Centroamérica sufrió aproximadamente 11 días de lluvias fuertes y constantes, terminando el 20 de octubre, a consecuencia de la depresión tropical 12-E. La magnitud y duración de las lluvias, y la destrucción que resultó, fue calificado como un ‘evento extremo’ por el director del Programa de Investigación del Clima Mundial.

En Guatemala, 524 mil 480 personas han sido afectadas a nivel nacional, y de ellas 14 mil 966 fueron albergadas cuando sus casas fueron inundadas o dañadas. Se reportan 38 fallecidas y 22 mil 685 casas en riesgo o dañadas. Las personas afectadas no están concentradas en un solo área, pero los efectos están distribuidos en comunidades por todo el país. La población en Santa Rosa ha sido doblemente afectada, primero por el calambre de sismos que sigue, y ahora por daños por las lluvias. Efectos similares se han sentido en El Salvador y Honduras, y efectos un poco menores en Nicaragua y Costa Rica.

Los daños más destacables son inundaciones por los desbordes de ríos, que ha afectado a casas y a plantaciones agrícolas, lo que producirá hambre en 2012 en las poblaciones que dependen de su cosecha para su consumo. Además, han incrementado las enfermedades respiratorias y de la piel; y la infraestructura nacional de carreteras y puentes ha sido golpeada.

Han sido dispersos los efectos, y en esta emergencia ninguno de los grupos con los cuales Cedepca trabaja de forma cercana, ni las y los empleados, han resultado afectado significativamente.

Observamos:

- El incremento de frecuencia de estos eventos extremos, ocurriendo destrucción por tormenta Stan en 2005, sequia mas fuerte en 40 años en 2009, la época mas lluviosa en 60 años en 2010, y ahora los efectos de la depresión tropical 12-E y sus restos en 2011.

- El gobierno ha podido responder rápido para limpiar y habilitar las carreteras, no ha podido reparar las laderas que pueden caer y los puentes y carreteras débiles, dejando la infraestructura cada vez más débil.

- Adicional a toda esta situación material, hay cierta impotencia y cansancio ante desastres tan frecuentes.

El día 20 de octubre despertamos a encontrar el cielo azul, y esperamos que ya no hayan lluvias fuertes y que hemos entrado en el verano.
En el Programa de Preparación y Atención de Desastres, estamos en proceso de evaluar si entrar en nuevas comunidades donde hay necesidad de respuesta, y estaremos informando. Sentimos también confirmadas de que el trabajo psicosocial en desastres en la región es esencial, porque la forma de reducir riesgo ante estos eventos extremos frecuentes es capacitando en las comunidades para fortalecer la resiliencia y deseo de accionar, y de soñar con un mejor futuro. Agradecemos sus muchas oraciones por las personas que han sufrido por las lluvias y por el trabajo de Cedepca.

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